Lo recuerdo como si hubiera ocurrido hace tres semanas. Era una noche estrellada, en el campo. No hacía muchos segundos que Tere había dejado de exhibir sus dos poderosas razones, y medio borracha se había ido a trincar con su “algo”. Hacía un calor que te torras.
El Chope acababa de ponerle los calcetines a Violeta, mientras yo le había extendido el aislante. Era un intento desesperado para que Violeta empezase a dormir la borrachera, pues había empezado a no tenerse en pie, y hacia rato que por su boca no salía nada coherente.
Yo estaba bastante borracho, y estaba bastante contento porque me había inventado junto con el Chope una “cortinilla” nueva para la serie “House” bastante graciosa. Había aprovechado que Vane morcilleaba con Pablo para fumarme todo su tabaco, y fué entonces cuando decidí empezar a beberme la Mahou que quedaba, y litro en mano me senté junto al Migue y el Chope en el jardín. Contra todo pronóstico también estaba allí Santi, que había vuelto de entre los muertos.
En ese momento reparamos en que dos inocentes chicos, a los que más tarde llamaríamos BlueMan y WhiteMan, habían decidido coger unos colchones y dormir en el jardín, a escasos centímetros de donde los campeones bebían los últimos sorbos de vida, y a un par de metros de donde habíamos dejado a Violeta.
BlueMan llevaba una camiseta azul, y WhiteMan llevaba una camiseta blanca (sí, la originalidad inundaba nuestros poros). Entre otras cosas estábamos evitando que un gato se trincara a WhiteMan, y amenizando el sueño de BlueMan con nuestros graciosísimos chistes.
Y WhiteMan se queda dormido. Mientras tanto BlueMan intenta desesperadamente no oír nuestras paridas sobre la vida, para poder dejar de reírse y empezar a dormir. Era el momento. Me fui a la cama de Ross con valentía (tres cuartos de hora atrás había ido a visitarla a su lecho y nuestra conversación había terminado bruscamente con un gran “por el culo te la jinco” por parte suya) y le conté la situación en la que me encontraba. Otro chaval de cuyo nombre no me acuerdo que estaba escuchando la conversación me ofreció amablemente su espuma de afeitar, la cual acepté encantado y me dirigí hacia el jardín.
Cuando pasé la puerta, mis amigos me decían que no le podíamos hacer eso a WhiteMan, que le acabábamos de conocer, y que haberle salvado de tener relaciones con un gato no nos daba derecho a putearle. Pero yo sabía como encarrilar la situación. Me acerqué a BlueMan, y le mostré la espuma de afeitar. BlueMan estaba en una encrucijada: Traicionar a su amigo del alma, o negarse a participar y dormir con el temor a las represalias.
Pero BlueMan ya había tomado una decisión al verme cruzar la puerta, y cuando le mostré la espuma de afeitar la corrupción ya estaba en él. Prefería un amigo menos, pero dormir tranquilo el resto de la noche. BlueMan estaba en nómina. Así pues le entregué la espuma y me senté junto a los demás a esperar la puñalada por la espalda del chico de camisa azul hacia el que hasta segundos después sería su mejor compañero de barbacoa.
BlueMan no había usado nunca esa marca de espuma de afeitar, y presionó demasiado fuerte el botón provocando que un gran pegote de espuma saliese disparado y se esparciera por toda la cara de WhiteMan. La carcajada fue indescriptible, hasta BlueMan se reía y eso que sus entrañas rezumaban remordimientos. Desde la boca hasta parte del pelo tenían espuma. Miramos a BlueMan, todavía no era suficiente, queríamos más. BlueMan se dispuso a poner espuma delicadamente en el lóbulo de la oreja derecha de WhiteMan, pero no contábamos con que WhiteMan tenía esa parte del cuerpo especialmente sensible. WhiteMan se levantó sobresaltado, BlueMan escondío la espuma y se hizo el dormido, y los demás intentamos no reirnos. WhiteMan notaba algo en su rostro, así que cogío su mano derecha y decidió tocarse la cara entera. En este momento le pedimos a WhiteMan que por favor dejase de hacer eso, ya que llevábamos un rato sin respirar debido a la risa y la espuma cada vez manchaba más cosas. Podría haberse afeitado las pestañas después de aquello.
Contentos nos fuimos ya a dormir, cumpliendo con nuestra promesa de no putear a BlueMan, que ahora era de los nuestros.
Amanecí con Violeta durmiendo en mi cama y yo con una pata encima suya; luego me levanté y conseguí que Vane olvidara que me había fumado todo su tabaco y la convertí en mi camarera de forma que me estuvo trayendo el tinto de verano el resto del día. El diablo me premiaba por haber captado otra alma.
Alguna foto del día después:


Julio, 18th 2008 at 12:35 pm
Post perfecto, un único matiz, no era Mahou-espuma-de-titanio, era Aguila Amstel(tb puta mierda pero menos).
Julio, 31st 2008 at 2:44 pm
Carnero cada día hace mejor esta parte del mundo virtual llamada blogosfera.
Como se nota que tienes el espíritu y la casta del EZLN. ^_^