SI ME FUERA MAÑANA,
¿ME RECORDARÍAS?
TENGO QUE PARTIR AHORA
PORQUE HAY MUCHOS SITIOS QUE DEBO VER.
Y SI ESTUVIERA AQUÍ CONTIGO, CHICA,
LAS COSAS NO SERÍAN LAS MISMAS.
PORQUE SOY UN PÁJARO LIBRE
Y NO ME PUEDES CAMBIAR
EL SEÑOR LO SABE, NO PUEDO CAMBIAR.
ADIÓS, PEQUEÑA, HA SIDO UN DULCE AMOR, SÍ,
SUPLICARÁS Y YO NO PUEDO CAMBIAR.
PERO, POR FAVOR, NO TE LO TOMES A MAL.
PORQUE EL SEÑOR SABE QUE NO TENGO LA CULPA.
PERO SI ME QUEDARA AQUÍ CONTIGO
LAS COSAS NO SERÍA IGUAL.
PORQUE AHORA SOY UN PÁJARO LIBRE
Y A ESTE PÁJARO NO LO PUEDES CAMBIAR, OH!
Y A ESTE PÁJARO NO LO PUEDES CAMBIAR.
EL SEÑOR LO SABE, NO PUEDO CAMBIAR.
SEÑOR, AYÚDAME. NO PUEDO CAMBIAR.
SEÑOR, NO PUEDO CAMBIAR.
¿VOLARÁS ALTO, PÁJARO LIBRE?
Lynyrd Skynyrd
Dedicado a Julia, que en el Cancun, con una birra fresquita en la mano, me cuenta la misma historia.
Un sitio chulo, al lado de la alameda. La carta son 5 o 6 platos, mas tres o cuatro que puedes encontrar en una pizarra que tienen. Está todo tela de bueno. Ponen un “humus” que te torras, y el couscous me lo he trincado más de una vez.
Es tela de chico y se peta siempre, asi que tienes que ir o en petit comité, o ir prontete. Si eres homofob@ no vayas, ya que uno de los toques característicos es que el camarero es un palomo cojo, y además se trae a sus amigos al bar. El otro toque característico es sus macetas en latas de tomate “Martinete”, que le dan un toque de clase.
Es ideal para ir con alguien en verano, sentarte en una mesita de fuera y pedirte una botella de vino, ole!!! Está en la calle lumbreras (ver esa bella foto), y si vas con chic@s guap@s mejor.
Anoche pasé frío y me desenamoré un poco.
Anoche pasé frío y fui poeta.
Anoche, mientras mi carne se helaba
y mi alma en mi cuerpo se escondía,
vi como mi amor para ti
era un juguete pasado ya de moda que ya nada valía.
Cualquier amanecer echarán
al viejo juguete de mi amor a un carro de basura,
y alejándose en la amarga soledad
oirá al carretero dar palos a su mula
que todo se lo da por un poco de paja
y, a veces, pochas uvas.
Y estaré allí donde ya nada vale nada hasta que algún día una dulce gitanilla,
con mocos y pecas en la cara,
limpie con su manga grasienta
la suciedad que la sociedad pegó a mi alma;
y volveré a ser un juguete reluciente de amor y de alegría.
¡Que importa que me engañes si luego me sonríes! ¡Qué importa ser poeta o ser basura!
Anoche pasé frío en el cuerpo y en el alma…
Anoche pasé frío y quedó mi libertad de amor helada.
Llego a casa y esta noche dormiré sólo, tengo mucho que decir y tan pocos quienes me escuchen; por eso recito este poema antes de irme,
porque mi boca ansía ron, pero ya no lo encuentro. Por lo que pasó y lo que está pasando, porque siempre estaré allí donde ya nada vale nada, hasta que algún día limpies con tu manga grasienta la suciedad que la sociedad pegó en mi alma, ¡que importa ser poeta o ser basura! MAÑANA VOLVERÉ A SER UN JUGUETE RELUCIENTE DE AMOR Y DE ALEGRÍA.
Anoche pasé frío y quedó mi libertad de amor helada.
Pues son las 6:30 y tengo el sueño de un cocainomano en ibiza.
Claro, tras 5 días seguidos sin dormir en casa, mi cuerpo está perfectamente adaptado a la fiesta: Me despierto sobre las 4 de la tarde en una casa al azar, desayuno, si puedo vuelvo a mi casa, me ducho, intento recuperarme de todas las drogas consumidas el día anterior, y sobre las 7 como cualquier cosa de mierda. Después de comer, siestecita de una horita o así, y a las 8 empiezo a prepararme para volver al lío. Me visto, me pongo la corbata, la boína o el clavel, y sobre las 9 estoy en marcha. Comparto unos cubatas con los colegas (el equivalente a la cervecita de después del trabajo) y sobre la 1 o las 2 de la noche ceno cualquier montadito, bolsa de patatas o picos que encuentre por ahí. Después droga droga droga y a las 10 de la mañana me encuentro en una casa nueva dispuesto a dormir donde se quiera y pueda, sólo o acompañado, de bellas mujeres o algún colega en calzoncillos.
Estoy dispuesto, aunque sea por unas semanas, a intentar ver más la luz del día que la de la noche, a no beber durante el día, y dormir en mi casa. Hoy no lo he conseguido, pero en vez de drogarme me he puesto a trabajar, es un cambio xD. Mañana será otro día.
Se despide el feriante nocturno.
P.D.: Menos mal que ha acabado la feria, llega a durar un día más y el lunes asistís a mi funeral (ahogamiento por rebujito).
Es sábado de feria, pero estoy en mi casa. Y debo decir que en albornoz amarillo. Si llevo algo debajo o no lo dejo a la libre imaginación de cada uno.
El que en un momento como este me haya quedado en casa mientras mis amigos están de parranda y feria me parece una grave traición a mis principios, pero sinceramente: he muerto. Esta tarde me he tomado un cubata y me quemaba la tráquea, y hace un rato me dolía el hígado. Es decir, he llegado AL LÍMITE.
Todo esto me lleva a plantearme la cuestión del título. La primera evidencia que viene a la cabeza es la física. El límite está en el aguante de tu cuerpo, pero también es cierto que el espíritu parrandero hace que a esta hora esté despierta por la ansiedad que me genera el hecho de no estar allí, por lo tanto no es un límite real, y mucho menos auténtico. De hecho mañana cuando me levante me iría de vinos a la pañoleta si hay alguien vivo. Por lo tanto descartado.
Otra opción es la cuestión mental, que ha quedado más que claro que si de verdad eres parrandero es la primera también descartada, porque tú SIEMPRE querrías estar. O poder estar.
¿Estará entonces el límite en la compañía? Es la que queda, pero piensa que los días chungos una de dos: o bebes más de la cuenta para aguantar el tirón, o te lo tomas como anécdota para contar al día siguiente, o simplemente siempre surge algo que hace que tenga sentido y que el momento sea bello.
Entonces, ¿somos unos enfermos?¿El querer estar siempre aunque no se pueda es un problema?¿Somos esclavos de la parranda?