Es sábado de feria, pero estoy en mi casa. Y debo decir que en albornoz amarillo. Si llevo algo debajo o no lo dejo a la libre imaginación de cada uno.
El que en un momento como este me haya quedado en casa mientras mis amigos están de parranda y feria me parece una grave traición a mis principios, pero sinceramente: he muerto. Esta tarde me he tomado un cubata y me quemaba la tráquea, y hace un rato me dolía el hígado. Es decir, he llegado AL LÍMITE.
Todo esto me lleva a plantearme la cuestión del título. La primera evidencia que viene a la cabeza es la física. El límite está en el aguante de tu cuerpo, pero también es cierto que el espíritu parrandero hace que a esta hora esté despierta por la ansiedad que me genera el hecho de no estar allí, por lo tanto no es un límite real, y mucho menos auténtico. De hecho mañana cuando me levante me iría de vinos a la pañoleta si hay alguien vivo. Por lo tanto descartado.
Otra opción es la cuestión mental, que ha quedado más que claro que si de verdad eres parrandero es la primera también descartada, porque tú SIEMPRE querrías estar. O poder estar.
¿Estará entonces el límite en la compañía? Es la que queda, pero piensa que los días chungos una de dos: o bebes más de la cuenta para aguantar el tirón, o te lo tomas como anécdota para contar al día siguiente, o simplemente siempre surge algo que hace que tenga sentido y que el momento sea bello.
Entonces, ¿somos unos enfermos?¿El querer estar siempre aunque no se pueda es un problema?¿Somos esclavos de la parranda?
En serio, piénsalo.